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Le goûter des généraux – Boris Vian

Literatura - 2013-06-21 14:25:55

Con esta obra de teatro nos podemos dar cuenta de lo importante que era para Vian este medio como manera de expresar su postura en contra de la guerra. Ya en “L’equarrissage pour tous” había tratado, muy a su estilo, la vida cotidiana en el frente de batalla. Ahora, analiza lo que sucede con los militares en tiempo de paz.

En resumen, Léon Plantin, presidente del Concejo (nunca nos enteramos de cuál pero queda la idea de que se refiere a la República) solicita los servicios del general James Audubon Wilson de la Pétardière Frenouillou para que haga todos los preparativos para la guerra. El único problema es que no tienen contra quién hacerla. La segunda mundial acaba de terminar, por lo que los derrotados no son opción y con los ingleses existe un pacto que elimina cualquier opción de agresión. Tras consultar las posibilidades con algunos de sus colegas, llega a la conclusión de que los rusos, los norteamericanos y los chinos podrían estar interesados por lo que organiza una comida con sus homólogos de aquellos países con el afán de convencerlos. Sin embargo, los dos primeros tienen ya un compromiso bélico previo – entre ellos y bajo el nombre de guerra fría – y el oriental opina que está demasiado lejos, pero se le ocurre una opción genial: el norte de África. Todos celebran la idea y encuentran la forma de recibir una rebanada del pastel. El inicio absurdo de esa guerra lleva a que, una vez en la zona de combate, todos los generales se reencuentren en otra comida, hartos del tedio de la situación, para cantar y jugar lo más vianiano que se les puede ocurrir: ruleta rusa.

En esta obra encontramos entonces una fotografía de la situación mundial en la posguerra y una fuerte crítica al uso del desarrollo militar como fuente de crecimiento económico y la postura benevolente de la iglesia ante esa situación. Al igual que en otros casos, de hecho en la mayor parte de sus trabajos, Vian se mueve sin problemas dentro del reino del absurdo, rozando frecuentemente con lo dadá. Como sucede con su otra obra de teatro, es una puesta en escena de relativa complejidad que en nuestra época se sentiría anacrónica a pesar de que el trasfondo de los temas sigue tan vigente como hace sesenta años.