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Hyperion - Dan Simmons

Literatura - 2013-09-10 12:50:28

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Por si la lista de lecturas pendientes que llevo desde hace años no fuera suficiente, decidí comenzar dos proyectos nuevos. Por un lado, profundizar mi conocimiento de los Reinos Olvidados siguiendo las novelas que se han escrito acerca de ese mundo. Por el otro, me topé con un video-blog llamado Sword & Laser que se puede definir a grandes rasgos como un club de lectura virtual en el cual suelen entrevistar a escritores contemporáneos. Es conducido por Veronica Belmont (ávida lectora de literatura fantástica desde su infancia) y Tom Merritt (experto en ciencia ficción), quienes se turnan para proponer el libro que se va a leer cada mes. De hecho, The Magicians, de Lev Grossman, que comenté hace un par de meses, fue la primera novela que sugirieron en el programa y que leí “junto” con ellos (un año de retraso entre que iniciaron los videos [en formato Podcast existe desde febrero de 2008] y que yo los descubrí explican las comillas).

Aunque este texto entra en la parte de literatura, me pareció importante mencionar a Sword & Laser pues, más allá de presentar lecturas referentes a dos géneros que me gustan mucho pero de los cuales soy bastante ignaro, me volvió a conectar con mi lado creador, tanto desde el aspecto activo (por ejemplo, con la actualización de los comentarios de mis lecturas) como del pasivo (en tanto que lector).

El primer libro que me tocó leer del lado de Laser fue Hyperion, de Dan Simmons, el cual había escuchado nombrar en un par de ocasiones sin poner mucha atención. A pesar de ser bastante famoso y haber recibido el premio Hugo (la presea más importante en ciencia ficción) en 1989, no se me había presentado una oportunidad tan clara para leerlo. Ahora que lo hice, me quedan muchos sentimientos encontrados.

La estructura del libro podría remitir, hasta cierto punto, a Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino en cuanto a que hay un hilo conductor con el cual se mezclan historias que, si bien tienen una repercusión en la situación general, se podrían considerar como cuentos independientes que no necesitan del contexto en el que aparecen. Esto hace que, como en cualquier recopilación, algunas historias sean mejores que otras.

A grandes rasgos, y si tomamos la descripción más burda de la novela, podría parecer incluso un chiste: un cura, un militar, un profesor, un poeta, una detective, un templario y un político se encuentran por motivos muy diferentes en camino a un pequeño planeta sin aparente importancia en las orillas del espacio colonizado. Ninguno conoce a los demás pero saben que no tienen más opción que viajar juntos hasta el planeta Hyperion en donde deberán llegar a las Tumbas del Tiempo y encontrar al Shrike, una creatura extremadamente poderosa pero de la cual no se sabe prácticamente nada. Durante el trayecto, deciden que la mejor manera de ocupar los largos ratos de ocio es que cada quien relate su historia y exponga sus motivos para estar ahí.

No entraré en detalles de cada una, pero sí hay algunos puntos que vale la pena mencionar. Empezando por los momentos bajos, tendría que hablar de la historia del poeta, un relato bastante poco creíble (incluso dentro del género) cuyo principal atractivo dentro de la historia es generar vínculos con la literatura del siglo XX, pero de eso ya hablaré más adelante. En general las demás historias están divertidas pero sin más, simples relatos hasta cierto punto predecibles en los que se pueden reconocer diferentes exploraciones de estilo por parte de Simmons. Pero hay dos casos en los que, para mí, el resultado fue muy agradable. Por un lado, está el relato del padre Lenar Hoyt, uno de los pocos miles de curas de la Iglesia Católica Romana que quedan en el universo a quien le encargan que acompañe al padre Paul Duré, arqueólogo, etnólogo y teólogo jesuita, en su viaje de asilo en el que pretende ir a estudiar a los Bikura, una tribu perdida de Hyperion. Más que hablar de sus propias vivencias, Hoyt lee fragmentos del diario de viaje de Duré lo cual resulta en un estudio antropológico que no le pide nada a textos académicos reales. A esto se suma que la narrativa tiene un fuerte tono Lovecrafteano que mantiene al lector en un suspenso que juega a momentos con el horror. El segundo relato interesante, creo que mi preferido, es el de Sol Weintraub, un personaje que desde un inicio se hace notar por cargar constantemente a una bebé. Cuando llega su turno, cuenta una historia que parecería en un inicio bastante plana, de su carrera profesional como profesor de ética y de una vida casi perfecta junto a su esposa y su hija Rachel quien debería estar cerca de los cuarenta años. Sin embargo, durante su trabajo como arqueóloga en uno de los enigmáticos edificios de Hyperion, es víctima de un evento que, además de desconfigurar todos los aparatos eléctricos que utiliza, la deja inconsciente y afectada por una nueva enfermedad que bautizan como “Mal de Merlín” que hace que cada mañana su vida retroceda de un día, haciéndose cada vez más joven y perdiendo las memorias acumuladas progresivamente. Con este vuelco, la narración se convierte en una desgarradora lucha por encontrar una cura al mismo tiempo que tiene que lidiar con el hecho de que la distancia entre los recuerdos de su hija y lo que sucede en el mundo sea cada vez más grande.

Ahora, más allá de lo irregulares que son las historias, hay un fenómeno literario que me pareció francamente molesto y que, a mi parecer, denota una falta de imaginación por parte de Simmons al momento de tratar con las fuentes literarias e históricas. Los eventos principales ocurren en el siglo XXVIII, con una expansión humana alrededor de una buena parte de la galaxia; la Tierra desapareció hace mucho en un experimento fallido con hoyos negros; las diferencias culturales se han hecho todavía más evidentes de acuerdo al planeta en el que se han formado las distintas colonias; y, a pesar de esto, prácticamente todas las referencias literarias y los autores importantes pertenecen al siglo XX, tal vez segunda mitad del XIX. Esto no sería tan grave si el único ejemplo fuera John Keats, poeta inglés que murió a los 26 años dejando inconcluso un poema épico, tal como el que está trabajando el poeta de Hyperion. Sin duda Keats sigue siendo considerado uno de los grandes poetas de la lengua inglesa, pero si en nuestros días ya es muy poca gente la que lo lee, ¿qué podemos esperar dentro de 700 años? Y a pesar de que uno de los objetivos de Simmons es rendir homenaje al poeta inglés, usarlo en tres de las historias me pareció excesivo. Así, encontramos a Chaucer, Yeats, Shakespeare, Bacon, Frost, Wordsworth, Russell, Twain, entre muchos, muchos otros. Creo que si quieres incluir citas y referencias de autores en una obra de ciencia ficción, o no te vas tan lejos en el tiempo para que tenga lógica la presencia de estos nombres, o reduces al mínimo las referencias para no tener que dejar un tremendo vacío literario, o – mi opción preferida – creas un mundo suficientemente creíble y sólido en todos los aspectos.

Por último, hay que mencionar que la lectura de Hyperion resulta en una experiencia trunca si no tienes a la mando la secuela, The Fall of Hyperion. No sé si Simmons lo ofreció desde un inicio como una novela en dos partes, como hizo Tolkien con El señor de los anillos, pero si no, cae prácticamente en un insulto a los lectores. Posiblemente en algún momento lea la secuela para no quedarme con ese pseudo-final, pero una muestra clara de que no me convenció tanto esta novela es que puedo esperar sin ningún problema.